El
ser humano es un animal. Los mismos principios que rigen al reino animal rigen
al ser humano. Las diferencias son de forma, no de fondo. Muchas son las
consideraciones que se hacen en un esfuerzo titánico para separar fronteras que
no existen: conciencia, sentimientos, habla, la capacidad de inventar, de
sentir compasión, de amar. La capacidad de transmitir conocimientos a
generaciones posteriores, cultura y religión. Pero, ¿son realmente válidos
estos argumentos?
La
verdad es que la única refutación –ilógica, claro- para distinguirnos de los
que llamamos animales, es que no nos gusta ser animales. Incluso lo
consideramos un insulto. Los seres humanos (y de hecho algunos primates
superiores) muestran un orgullo necesario y natural en su forma de ser y en su
consciencia sobre sí mismos. Este orgullo, repito, es necesario. He notado que
los seres humanos caemos muy rápido en la depresión y la tristeza, y
necesitamos un motivo para vivir, y no cualquier motivo. Necesitamos sentirnos
valiosos, únicos, especiales, en una palabra orgullosos. Necesitamos ese
orgullo para poder funcionar cada día, para lograr nuestros objetivos, para
estudiar, trabajar, incluso para llevarnos la comida a la boca y hasta para ir
al baño. El orgullo también nos sirve para realizar malas acciones, sino
pregúntenle a cualquier ladrón y les dirá con orgullo que es muy vivo, muy
shapo y lo suficientemente listo para engañar al mundo entero y que de hecho,
se siente muy bien.
Personas
malas y personas buenas necesitan del orgullo para poder vivir. Las personas
que pierden ese orgullo, ya sean buenas o malas, ricas o pobres, hermosas o
feas, son las que terminan en el suicidio. Chicas jóvenes y hermosas se matan
de hambre todos los días porque no pueden sentirse orgullosas de ellas mismas.
Chicos jóvenes con todo el futuro por delante, se matan porque no pueden
encontrar el amor de su hembrita para que los impulse en el día a día. Pusieron
su orgullo en la vista de los demás. Un lugar bastante incierto y azaroso.
Tomen este consejo gratis y pongan su motor en su propio cerebro y corazón.
Igual que los criminales; y vivirán más.
Este
orgullo que hizo que Hitler haga cosas monstruosas y que hizo a la Madre Teresa
de Calcuta dedicar su vida a los pobres es también la barrera que impide que
los seres humanos nos veamos en nuestra forma natural: como animales.
Además,
no se trata solo de nuestra psicología interna. También tiene que ver, claro,
con la historia y la religión. La cuna de la ciencia y el conocimiento
occidental es Europa. ¿Qué sucedió en Europa? Pues que ellos observaban. Su
principal método fue la observación de las estrellas, de los alrededores y de
sí mismos. Ellos se relacionaron con el cielo y la naturaleza, y ubicaron sus
dioses en las montañas y tenían semejanza con ellos. Fueron grandes
observadores pero tenían algo de lo que carecían: grandes primates. Ellos no
sabían lo que eran orangutanes, gorilas, bonobos, mandriles y demás. Estos
estaban en África y los europeos no viajaron tan lejos. Así que, la diferencia
entre un cuadrúpedo, un ave, un insecto, era clara; la distinción era obvia,
esos eran animales, nosotros seres humanos.
Cuando
durante el siglo XVIII se dio el primer avistamiento de científicos europeos de
los grandes simios, los gorilas, ellos pensaron en una primera instancia que
eran una tribu de hombres primitiva. Nunca habían visto algo semejante y se
sorprendieron de lo parecidos que eran a ellos mismos. Tenían manos, carecían
de cola, tenían una estructura social definida. ¿Qué fue lo que los hizo
cambiar de opinión? Sé la respuesta, pero no la diré en el presente ensayo.
Solo
diré que algo de su comportamiento no les gustó a los refinados, hiper
aristocráticos, conservadores y religiosos europeos. Los consideraron animales.
Además, los seres humanos ya estaban acostumbrados a explotar ganado, a cazar
por diversión y a colonizar a las tribus de nativos a quienes por cierto
consideraban inferiores. Orgullo, qué le vamos a hacer.
Dios
en la biblia le dice a Adán que todos los seres de la tierra han sido creados
para servirle. Todos los animales en el agua, en el cielo, en los bosques y
praderas, han sido creados para su explotación, uso y abuso. Como los señores
europeos eran muy cristianos, se creyeron esto al pie de la letra, y aunque no
se lo hubieran creído, les convenía. Hay que ver que ellos trajeron toda su
magna “civilización” al mundo entero, con consecuencias increíbles: ahora el
mundo en vez de respetar la naturaleza, en vez de ver en los animales a sus
hermanos, en vez de ser observadores de sí mismos y los demás, ahora traían
hambre atrasada. Tener más, amasar grandes fortunas, explotar, esclavizar a los
demás, poseer, aunque no se necesite tanto, este fue el legado de la ilustre
civilización occidental. ¿En serio dicen que no son animales? Es posible, los
animales no se comportan así.
Como
todos los animales les pertenecían por derecho divino, sucedió que era lógico
matar más y más animales, gastar más y
más recursos, sin pensar nunca que esto podía agotarse, acabarse. El
desequilibrio ambiental es una causa directa del orgullo humano y su manía por
sentirse un ser divino, directo hijo de Dios.
Vamos
a ver, pero ¿de veras no nos distinguimos para nada de los animales? Empecemos
por la conciencia de sí. Los animales no son conscientes de su existencia.
Viven por vivir. Sí, claro, y si es así, ¿por qué se aterrorizan tanto cuando
saben que van a morir?
Los
animales no tienen sentimientos, bueno, esto es obviamente ridículo para
cualquier persona que ha tenido un perro. No hay amigo más cariñoso y sincero,
y de hecho lo prefiero a muchos que se dicen humanos.
Que
los animales no hablan. Esto es un poco más difícil de comprobar. No tienen
palabras que conforman un idioma humano, es verdad. Pero tienen lenguaje
corporal. Los animales que viven en manada se comunican entre sí a través de
gestos, movimientos y olores. La diferencia es de forma, no de fondo. Además,
se sabe que los delfines tienen un lenguaje. Sus silbidos construyen palabras y
últimamente se ha comprobado que incluso tienen nombre para llamarse.
Que
los animales no realizan inventos. La creación es la máxima expresión del
pensamiento humano, es cierto. Pero los animales sí realizan inventos. El más
conocido es el uso de una varilla para capturar termitas y comérselas. Parece
bastante simple, pero los científicos que han tratado de introducir una varita
en un termitero, saben que no es tan simple como parece.
Que
los animales no tienen cultura. Bien, un animal criado en cautiverio no puede
adaptarse al ambiente salvaje, a menos que sea entrenado, preparado por
expertos. Esto indica que cierto conocimiento es transmitido de padres a hijos.
Los elefantes africanos, por ejemplo, durante generaciones han enseñado a sus
crías dónde encontrar agua. Por eso se dice que los elefantes nunca olvidan.
No
es malo tener orgullo, ya lo dije, es necesario. El orgullo nos mantiene vivos.
Pero debemos aceptarnos como somos. Es más bien una cuestión de
autoconocimiento. Si conocemos quienes somos podemos hacer algo al respecto,
corregir nuestros errores, fijarnos objetivos claros, y algo muy importante:
comprender y respetar a los demás. Todos reaccionamos con emociones básicas: el
hambre, la necesidad de cobijarnos, de ser amados; también con ira, con
tristeza y a todos nos mueve la ambición y las ganas irresistibles de
superarnos. Yo pienso que, aceptar nuestra naturaleza animal nos va a ayudar a
mejorar y a plantearnos metas inocuas para los demás y para nuestro medio
ambiente. Creo que ya es suficiente de un sistema político agresivo que da como
resultado la pobreza y la destrucción ecológica.
Y
por último, quiero demostrar que el diccionario me da la razón:
Hombre
m. Animal racional clasificado desde el punto de vista zoológico como mamífero
del orden de los primates. Especie humana, en general. Varón. Marido, esposo.
En
conclusión, digo que más nos valdría aceptarnos como lo que somos: animales.
Especialmente los maridos o esposos. Debo recordar que las mujeres tenemos
menos pelo que los hombres y por lo tanto somos más evolucionadas. La mujer
gobernará la tierra en el futuro.
Bellatrix Litterae
A lo Yuval Noah Harari (pulgar arriba).
ResponderEliminar¡Gracias por leerme!
ResponderEliminarEscribes bien.
ResponderEliminar