Según la revista “Muy interesante” en
su artículo “Claves científicas del amor maternal”, la oxitocina es la clave
para comprender el cambio fundamental de una mujer que se convierte en madre.
Esta hormona, aparte de preparar el cuerpo para el alumbramiento, también
influye decisivamente en el cerebro para alterar la conducta posterior. Mayor
paciencia, creatividad, sentido protector, tenacidad; la naturaleza es sabia, y
prepara el cuerpo para esta difícil prueba.
A nivel cultural, sin embargo, el tema
se vuelve bastante confuso. Por una parte, está la apología de la maternidad
como una experiencia maravillosa, en la que una mujer se realiza al ser madre como
objetivo de vida, y por el otro; y esta visión nos acompaña solo a partir del
siglo XX, que la maternidad es una imposición sobre las mujeres, para asegurar
el dominio del patriarcado como jerarquía, para mantener a la mitad de la
población esclavizada, al servicio de pequeños monstruos insoportables, y
dentro de una jaula que llamamos hogar.
¿Cuál es la verdad? ¿Es el instinto
materno un mito? ¿Es la esencia de lo femenino? ¿Es una imposición cultural que
hace del cuerpo de la mujer un objeto? ¿Es la procreación un deber de las
mujeres?
Empecemos por decir que el instinto
materno existe. Es imposible decir que es únicamente una imposición cultural,
puesto que ocurre a nivel químico. Sería como decir que el aparecimiento del
vello púbico es una imposición cultural.
También es verdad que hay sociedades
que imponen el matrimonio y la maternidad a mujeres extremadamente jóvenes,
apenas alcanzada la pubertad. No vamos a cerrar los ojos ante injusticias
semejantes. Pero el ataque en estas culturas no propiamente a la maternidad,
sino a las libertades. Ahora, hablemos de una mujer que puede ejercer su libre
derecho a la maternidad, ¿es esta una imposición social?
Creo firmemente que la maternidad y la
paternidad, puesto que son inseparables deben ser afrontadas con
responsabilidad. Esta es la clave de todo. Esas modas ideológicas
antimaternidad esconden una verdad simple: la pereza.
La maternidad duele, sí. Es difícil,
sí. Se debe ser severo, pero comprensivo, se deben tomar decisiones rápidas
pero efectivas, se debe ser observador y firme. Entonces, debo decir, que los
hipócritas que se ponen a berrear a los cuatro vientos que la maternidad no es
una experiencia maravillosa como les decían porque sus niños no les obedecen,
son malcriados, altaneros y mañosos, por favor, antes de echarle la culpa a la
sociedad, cómprense un libro acerca de crianza de niños y pónganse a leer.
Estoy bastante cansada de escuchar
estupideces acerca de la maternidad de parte de personas irresponsables que
lloran porque tienen que quedarse en casa a cuidar a sus críos y no pueden ir a
drogarse en las discotecas. Y después dicen que su maternidad les vino por
imposición social. Es bastante desagradable ver como pelotean a los niños como
si fuera partido de fútbol, y después se ponen a ladrar por sus derechos cuando
nunca reconocieron sus deberes.
No quisiera que se me entienda mal, me
parece que los movimientos de género actuales hacen un gran trabajo al hacernos
reflexionar en el porqué de nuestros actos. Y me parece que está muy bien que
reconozcan los derechos de las mujeres, su derecho a la vida, a la dignidad, la
libertad. Pero se debe recordar, que estos derechos vienen porque primero se
trabajó duro por sus deberes. Si solo hasta ahora se está reconociendo estos
derechos fundamentales, es también ahora cuando se debe trabajar más, estudiar
más y ver todo de una manera más constructiva. Porque no siempre se trata de
derechos vulnerados, muchas veces se trata simplemente de ociosidad, falta de
disciplina y zanganería.
Es importante recalcar que la
maternidad es esencial en las mujeres. Es ridículo decir que es una imposición
social, cuando siempre ha sido valorada, respetada y es en esencia un símbolo
de poder femenino. Es verdad que ha sido invisibilizada a lo largo de la
historia, pero esto no es razón para ignorar su relevancia. Atacar a nuestra
esencia social que es precisamente la comprensión y el cuidado de los demás, es
verdaderamente un suicidio de género. La maternidad es nuestra fortaleza. Ese
es el orden natural de las cosas. Los hombres juegan. Las mujeres son madres; y
en esto radica su sabiduría. No por el hecho de tener un hijo, sino porque
saben acoger a los demás y escucharlos.
Es una pena que en la historia solo se
les haya dado importancia a los que mataron más gente, que fundamentalmente
fueron hombres. Pero esto es solo una manera de ver las cosas, no es
necesariamente la verdad. Las mujeres hemos estado presentes a lo largo de la
historia. Por lógica. Y ahora que nos dimos cuenta de que se les olvidó anotar
nuestras obras, podemos reclamar ese derecho. Y eso es todo. Es inútil quejarse
por el pasado. Y a lo que debe inspirarnos el movimiento feminista es a pensar
mejor y a trabajar más.
Bellatrix
Litterae
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