Cómete el mundo y muérete

Las sociedades globalizadas hasta hace 50 años atrás solo eran posibles en la ciencia ficción. El pronóstico en ningún caso fue benévolo. La mayoría resultaron distópicas, crueles y represivas. Desde “La máquina del tiempo” de H. G. Wells, pasando por “El planeta de los simios” de Pierre Boulle hasta “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, en todas se refleja la naturaleza egoísta del ser humano y su inevitable miseria. El único que nos da un corto atisbo de esperanza es Isaac Asimov en su “Fundación”, esto es, sin embargo, con una condición ineludible: se debe conservar el conocimiento a toda costa.
Hoy, ese futuro ya nos ha alcanzado, y lo ha hecho de una forma simple: a través de los medios de comunicación. Ningún escritor de ciencia ficción podía haberlo predicho, y menos la calidad, bastante prosaica de mensajes que nos unen a los seres humanos en general. Y es que en todas estas predicciones ficticias, era necesario cierto conocimiento a través de la ciencia para alcanzar ese futuro intangible. Pero en nuestro presente, lo único que se necesitan son unos cuantos centavos, inteligencia casi nula, un criterio pobre y un orgullo inflado.
Según el DRAE, la globalización, es la “Difusión mundial de modos, valores o tendencias que fomenta la uniformidad de gustos y costumbres”, esta difusión es prácticamente instantánea a través de las redes sociales. Las noticias llegan mucho más rápido incluso que los noticieros oficiales, y llegan ya digeridas, es decir, formando ya una tendencia u opinión. Por ejemplo, cuando París fue bombardeado, casi inmediatamente el Facebook puso la opción de añadir la bandera de Francia al perfil del usuario. Muchos cambiaron su imagen sin siquiera pensarlo: obedecen a la tendencia, al juicio popular.
Claro, se podría decir que al final del día, es un juego. A nadie le afecta que Juan Pérez cambie su foto de perfil, no cambia los hechos, no detiene las balas ni alimenta al hambriento. Sin embargo, produce algo peligroso: la sensación de que ese acto superficial es compasivo y suficiente. Muchos, por ejemplo, piensan que son ecológicos porque comparten estados de activistas en pro de la ecología. O piensan que luchan por los derechos de los animales porque comparten el video donde besuquean a su perro y le ponen vestidos. Fuera de la red, no cambian sus costumbres de derrochar y contaminar, sin darse cuenta que esto afecta directamente a los animales salvajes que dicen querer defender.
Esta filosofía “light” es peligrosa porque hunde a las personas en un estatus de bienestar que se parece más a la ceguera. Todos son felices siendo ignorantes como lo planteaba Huxley en su novela. Ya no se necesita reflexionar, ni pensar, eso lo hace el Facebook de una forma más dulce. “Sonríe, es gratis” nos dice un meme del Facebook. Como nos dice Amos Oz: “Tal vez el peor aspecto de la globalización sea la infantilización del género humano.” La generación actual simula tener principios, pero es fácil darse cuenta de que son solo caprichos. La generación de nuestros abuelos sabía que era correcto dar la vida por los ideales. Hoy, por supuesto, no se puede dar la vida por una moda.
Otro de los peligros de la globalización es la forma como ha cambiado la alimentación. Aparte del daño ambiental y social que trae el consumo de comida industrializada, está de primera mano el detrimento de la salud. El consumo de snacks que se proporcionan a niños desde edades muy cortas, a veces antes de cumplir el año de edad, está produciendo una sociedad de adolescentes obesos, anémicos y enfermos. Pero quizá lo peor, es que los padres piensan que “está bien que se diviertan”. Estas frituras tienen cantidades excesivas de sal, azúcar y grasa; por una razón muy simple: los paladares actuales son estúpidos. Los productos naturales tienen sabores sutiles y se necesita educarlos para poder identificar los suaves sabores de los almidones, o los ácidos de las vitaminas. Pero no hemos educado así a los jóvenes. Llevamos décadas malcriando los paladares de al menos dos generaciones por un falso sentido de la calidad: se piensa que si tiene marca, es lo mejor. Una vez más, se acepta la moda sin reflexionar. Los niños de hoy piensan que comer venenos en una bolsa es una forma de diversión, no nos asombremos entonces que cuando llegan a ser adultos siguen ingiriendo veneno de una botella para divertirse.
Otro de los aspectos que la globalización empobrece y mata es la cultura. No me refiero solo a las costumbres de nuestros abuelos, a su religión y creencias, a sus principios morales y su fe. Tampoco estoy en contra de aprender culturas nuevas, es más, me parece genial que ahora tengamos la oportunidad de aprender culturas tan milenarias y lejanas como la egipcia, pero la mayor parte de la gente no aprende otras culturas, sino que se traga lo más fácil, lo que está de moda, lo comercial, sin parar a reflexionar, sin dar una oportunidad a la diversidad. Entonces, toda la cultura globalizada se parece, la misma ropa, la misma música, la misma filosofía de “vive rápido y muere joven”. Una vez más la misma cultura superficial que mueve dinero, puesto que no está hecha para expresarse ni ser una forma de arte, sino para vender. ¿Es tan pobre nuestro criterio que aceptamos sin más ser esclavos de estos mercaderes de mal gusto?
Por otro lado, no quiero darle esta acepción de monstruo a la globalización. Tiene muchas cosas buenas, por ejemplo, la ciencia. Hoy, los científicos pueden comunicarse en una red efectiva que apoye de forma mundial para crear soluciones que antes eran inalcanzables. También en el campo médico, hoy se pueden encontrar medicinas y procedimientos que antes no se podía. Lastimosamente, los que hacen este buen uso de la globalización es un porcentaje ridículamente bajo de la población.
En conclusión, la globalización no es mala por sí misma, pero se debe escoger qué meter en la boca, investigando, pensando antes; no tragarlo inmediatamente, “porque es la moda”, o porque me gusta. Esa forma de vida está condenada a la destrucción, no es difícil verlo. También se debe recordar que la tendencia social y cultural empieza en casa, en la familia y en la tierra que nos ha visto nacer. Es maravilloso conocer el mundo, pero sin saber, en primer lugar, de dónde venimos, al final solo seremos niños perdidos.


Bellatrix Litterae

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